lunes, 15 de septiembre de 2014

Hoy en la historia: ¡Feliz cumpleaños, Agatha!

Siento que no publicaba hace milenios. Me enfermé, y fue horrible, porque pasé casi una semana sin computador, sin el blog. Ni siquiera podía leer, era como una momia envuelta en sábanas y frazadas, con la cara pálida, y un velador repleto de pastillas y jarabes. Ah, terrible. ¡Ojalá pasen el invierno, porque yo por poco no lo hago! 

Bueno, pero no me he puesto a escribir esto para hablar de mi, ni de mi triste vida de enferma, sino, de celebrar los 124 años desde el nacimiento de Agatha Christie, una grande dentro del mundo de los relatos policiales. 


Agatha Christie nació el 15 de septiembre de 1890, en Torquay, Reino Unido
Es una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. Se destacó, principalmente, en el relato policial, de crímenes y misterio, y creó personajes tan populares y recordados como Miss Marple y el detective Hercules Poirot


Escribió 66 novelas policiales, y otra enorme cantidad de novelas rosas, bajo el seudónimo de Mary Westmacott. Incursionó exitosamente en el género dramático, así como en el relato corto. Digamos que, todo lo que Agatha escribía, se convertía en oro<3
Murió el 12 de enero de 1976, también en Reino Unido. 

Me especializo en asesinatos silenciosos, de interés nacional"
-Agatha Christie

A modo de homenaje, les dejo aquí uno de sus más elaborados relatos cortos: 

EL CASO DE LA DONCELLA PERFECTA

-Ah, por favor, señora, ¿podría hablar un momento con usted?
Podría pensarse que esta petición era un absurdo, puesto que Edna, la doncellita de la señorita Marple, estaba hablando con su ama en aquellos momentos.
Sin embargo, reconociendo la expresión, la solterona repuso con presteza:
-Desde luego, Edna, entra y cierra la puerta. ¿Qué te ocurre?
Tras cerrar la puerta obedientemente, Edna avanzó unos pasos retorciendo la punta de su delantal entre sus dedos y tragó saliva un par de veces.
-¿Y bien, Edna? -la animó la señorita Marple.
-Oh, señora, se trata de mi prima Gladdie.
-¡Cielos! -repuso la señorita Marple, pensando lo peor, que siempre suele resultar lo acertado-. No... ¿no estará en un apuro?
Edna se apresuró a tranquilizarla.
-Oh, no, señora, nada de eso. Gladdie no es de esa clase de chicas. Es por otra cosa por lo que está preocupada. Ha perdido su empleo.
-Lo siento. Estaba en Old Hall, ¿verdad?, con la señorita... o señoritas... Skinner.
-Sí, señora. Y Gladdie está muy disgustada... vaya si lo está.
-Gladdie ha cambiado muy a menudo de empleo desde hace algún tiempo, ¿no es así?
-¡Oh, sí, señora! Siempre está cambiando. Gladdie es así. Nunca parece estar instalada definitivamente, no sé si me comprende usted. Pero siempre había sido ella la que quiso marcharse.
-¿Y esta vez ha sido al contrario? -preguntó la señorita Marple con sequedad.
-Sí, señora. Y eso ha disgustado terriblemente a Gladdie.
La señorita Marple pareció algo sorprendida. La impresión que tenía de Gladdie, que alguna vez viera tomando el té en la cocina en sus «días libres», era la de una joven robusta y alegre, de temperamento despreocupado.
Edna proseguía:
-¿Sabe usted, señorita? Ocurrió por lo que insinuó la señorita Skinner.
-¿Qué es lo que insinuó la señorita Skinner? -preguntó la señorita Marple con paciencia.
Esta vez Edna la puso al corriente de todas las noticias.
-¡Oh, señora! Fue un golpe terrible para Gladdie. Desapareció uno de los broches de la señorita Emilia y, claro, a nadie le gusta que ocurra una cosa semejante; es muy desagradable, señora. Y Gladdie les ayudó a buscar por todas partes y la señorita Lavinia dijo que iba a llamar a la policía y entonces apareció caído en la parte de atrás de un cajón del tocador, y Gladdie se alegró mucho.
»Y al día siguiente, cuando Gladdie rompió un plato, la señorita Lavinia le dijo que estaba despedida y que le pagaría el sueldo de un mes. Y lo que Gladdie siente es que no pudo ser por haber roto el plato, sino que la señorita Lavinia lo tomó como pretexto para despedirla, cuando el verdadero motivo fue la desaparición del broche, ya que debió pensar que lo había devuelto al oír que iban a llamar a la policía, y eso no es posible, pues Gladdie nunca haría una cosa así. Y ahora circulará la noticia y eso es algo muy serio para una chica, como ya sabe la señora.
La señorita Marple asintió. A pesar de no sentir ninguna simpatía especial por la robusta Gladdie, estaba completamente segura de la honradez de la muchacha y de lo mucho que debía haberla trastornado aquel suceso.
-Señora -siguió Edna-, ¿no podría hacer algo por ella? Gladdie está en un momento difícil.
-Dígale que no sea tonta -repuso la señorita Marple-. Si ella no cogió el broche... de lo cual estoy segura.., no tiene motivos para inquietarse.
-Pero se sabrá por ahí -repuso Edna con desmayo.
-Yo... er..., arreglaré eso esta tarde -dijo la señorita Marple-. Iré a hablar con las señoritas Skinner.
-¡Oh, gracias, señora!

Old Hall era una antigua mansión victoriana rodeada de bosques y parques. Puesto que había resultado inalquilable e invendible, un especulador la había dividido en cuatro pisos instalando un sistema central de agua caliente, y el derecho a utilizar «los terrenos» debía repartirse entre los inquilinos. El experimento resultó un éxito. Una anciana rica y excéntrica ocupó uno de los pisos con su doncella. Aquella vieja señora tenía verdadera pasión por los pájaros y cada día alimentaba a verdaderas bandadas. Un juez indio retirado y su esposa alquilaron el segundo piso. Una pareja de recién casados, el tercero, y el cuarto fue tomado dos meses atrás por dos señoritas solteras ya de edad, apellidadas Skinner. Los cuatro grupos de inquilinos vivían distantes unos de otros, puesto que ninguno de ellos tenía nada en común. El propietario parecía hallarse muy satisfecho con aquel estado de cosas. Lo que él temía era la amistad, que luego trae quejas y reclamaciones.
La señorita Marple conocía a todos los inquilinos, aunque a ninguno a fondo. La mayor de las dos hermanas Skinner, la señorita Lavinia, era lo que podría llamarse el miembro trabajador de la empresa. La más joven, la señorita Emilia, se pasaba la mayor parte del tiempo en la casa quejándose de varias dolencias que, según la opinión general de todo Saint Mary Mead, eran imaginarias. Sólo la señorita Lavinia creía sinceramente en el martirio de su hermana, y de buen grado iba una y otra vez al pueblo en busca de las cosas «que su hermana había deseado de pronto».
Según el punto de vista de Saint Mary Mead, si la señorita Emilia hubiera sufrido la mitad de lo que decía, ya hubiese enviado a buscar al doctor Haydock mucho tiempo atrás. Pero cuando se lo sugerían cerraba los ojos con aire de superioridad y murmuraba que su caso no era sencillo... que los mejores especialistas de Londres habían fracasado... y que un médico nuevo y maravilloso la tenía sometida a un tratamiento revolucionario con el cual esperaba que su salud mejorara. No era posible que un vulgar matasanos de pueblo entendiera su caso.
-Y yo opino -decía la franca señorita Hartnell- que hace muy bien en no llamarle. El querido doctor Haydock, con su campechanería, iba a decirle que no le pasa nada y que no tiene por qué armar tanto alboroto. ¡Y le haría mucho bien!
Sin embargo, la señorita Emilia, haciendo caso omiso de un tratamiento tan despótico, continuaba tendida en los divanes, rodeada de cajitas de píldoras extrañas, y rechazando casi todos los alimentos que le preparaban, y pidiendo siempre algo... por lo general difícil de encontrar.
Gladdie abrió la puerta a la señorita Marple con un aspecto mucho más deprimido de lo que ésta pudo imaginar. En la salita, una cuarta parte del antiguo salón, que había sido dividido para formar el comedor, la sala, un cuarto de baño y un cuartito de la doncella, la señorita Lavinia se levantó para saludar a la señorita Marple.
Lavinia Skinner era una mujer huesuda de unos cincuenta años, alta y enjuta, de voz áspera y ademanes bruscos.
-Celebro verla -le dijo a la solterona-. La pobre Emilia está echada... no se siente muy bien hoy. Espero que la reciba a usted, eso la animará, pero algunas veces no se siente con ánimos de ver a nadie. La pobrecilla es una enferma maravillosa.
La señorita Marple contestó con frases amables. El servicio era el tema principal de conversación en Saint Mary Mead, así que no tuvo dificultad en dirigirla en aquel sentido. ¿Era cierto lo que había oído decir, que Gladdie Holmes, aquella chica tan agradable y tan atractiva, se les marchaba? Miss Lavinia asintió.
-El viernes. La he despedido porque lo rompe todo. No hay quien la soporte.
La señorita Marple suspiró y dijo que hoy en día hay que aguantar tanto... que era difícil encontrar muchachas de servicio en el campo. ¿Estaba bien decidida a despedir a Gladdie?
-Sé que es difícil encontrar servicio -admitió la señorita Lavinia-. Los Devereux no han encontrado a nadie..., pero no me extraña... siempre están peleando, no paran de bailar jazz durante toda la noche... comen a cualquier hora.., y esa joven no sabe nada del gobierno de una casa. ¡Compadezco a su esposo! Luego los Larkin acaban de perder a su doncella. Claro que con el temperamento de ese juez indio que quiere el Chota Harzi como él dice, a las seis de la mañana, y el alboroto que arma la señora Larkin, tampoco me extraña. Juanita, la doncella de la señora Carmichael, es la única fija... aunque yo la encuentro muy poco agradable y creo que tiene dominada a la vieja señora.
-Entonces, ¿no piensa rectificar su decisión con respecto a Gladdie? Es una chica muy simpática. Conozco a toda la familia; son muy honrados.
-Tengo mis razones -dijo la señorita Lavinia dándose importancia.
-Tengo entendido que perdió usted un broche... -murmuró la señorita Marple.
-¿Por quién lo ha sabido? Supongo que habrá sido ella quien se lo ha dicho. Con franqueza, estoy casi segura que fue ella quien lo cogió. Y luego, asustada, lo devolvió; pero, claro, no puede decirse nada a menos de que se esté bien seguro -cambió de tema-. Venga usted a ver a Emilia, señorita Marple. Estoy segura de que le hará mucho bien un ratito de charla.
La señorita Marple la siguió obedientemente hasta una puerta a la cual llamó la señorita Lavinia, y una vez recibieron autorización para pasar, entraron en la mejor habitación del piso, cuyas persianas semiechadas apenas dejaban penetrar la luz. La señorita Emilia se hallaba en la cama, al parecer disfrutando de la penumbra y sus infinitos sufrimientos.
La escasa luz dejaba ver una criatura delgada, de aspecto impreciso, con una maraña de pelo gris amarillento rodeando su cabeza, dándole el aspecto de un nido de pájaros, del cual ningún ave se hubiera sentido orgullosa. Olía a agua de colonia, a bizcochos y alcanfor.
Con los ojos entornados y voz débil, Emilia Skinner explicó que aquél era uno de sus «días malos».
-Lo peor de estar enfermo -dijo Emilia en tono melancólico- es que uno se da cuenta de la carga que resulta para los demás.
La señorita Marple murmuró unas palabras de simpatía, y la enferma continuó:
-¡Lavinia es tan buena conmigo! Lavinia, querida, no quisiera darte este trabajo, pero si pudieras llenar mi botella de agua caliente como a mí me gusta... Demasiado llena me pesa... y si lo está a medias se enfría inmediatamente.
-Lo siento, querida. Dámela. Te la vaciaré un poco.
-Bueno, ya que vas a hacerlo, tal vez pudieras volver a calentar el agua. Supongo que no habrá galletas en casa... no, no, no importa. Puedo pasarme sin ellas. Con un poco de té y una rodajita de limón... ¿no hay limones? La verdad, no puedo tomar té sin limón. Me parece que la leche de esta mañana estaba un poco agria, y por eso no quiero ponerla en el té. No importa. Puedo pasarme sin té. Sólo que me siento tan débil... Dicen que las ostras son muy nutritivas. Tal vez pudiera tomar unas pocas... No... no... Es demasiado difícil conseguirlas siendo tan tarde. Puedo ayunar hasta mañana.
Lavinia abandonó la estancia murmurando incoherentemente que iría al pueblo en bicicleta.
La señorita Emilia sonrió débilmente a su visitante y volvió a recalcar que odiaba dar quehacer a los que la rodeaban.

Aquella noche la señorita Marple contó a Edna que su embajada no había tenido éxito.
Se disgustó bastante al descubrir que los rumores sobre la poca honradez de Gladdie se iban extendiendo por el pueblo. En la oficina de Correos, la señorita Ketherby le informó:
-Mi querida Juana, le han dado una recomendación escrita diciendo que es bien dispuesta, sensata y respetable, pero no hablan para nada de su honradez. ¡Eso me parece muy significativo! He oído decir que se perdió un broche. Yo creo que debe haber algo más, porque hoy día no se despide a una sirvienta a menos que sea por una causa grave. ¡Es tan difícil encontrar otra...! Las chicas no quieren ir a Old Hall. Tienen verdadera prisa por volver a sus casas en los días libres. Ya verá usted, las Skinner no encontrarán a nadie más, y tal vez entonces esa hipocondríaca tendrá que levantarse y hacer algo.
Grande fue el disgusto de todo el pueblo cuando se supo que las señoritas Skinner habían encontrado nueva doncella por medio de una agencia, y que por todos conceptos era un modelo de perfección.
-Tenemos bonísimas referencias de una casa en la que ha estado «tres años», prefiere el campo y pide menos que Gladdie. La verdad es que hemos sido muy afortunadas.
-Bueno, la verdad -repuso la señorita Marple, a quien miss Lavinia acababa de informar en la pescadería-. Parece demasiado bueno para ser verdad.
Y en Saint Mary Mead se fue formando la opinión de que el modelo se arrepentiría en el último momento y no llegaría.
Sin embargo, ninguno de esos pronósticos se cumplió, y todo el pueblo pudo contemplar a aquel tesoro doméstico llamado Mary Higgins, cuando pasó en el taxi de Red en dirección a Old Hall. Tuvieron que admitir que su aspecto era inmejorable... el de una mujer respetable, pulcramente vestida.
Cuando la señorita Marple volvió de visita a Old Hall con motivo de recolectar objetos para la tómbola del vicariato, le abrió la puerta Mary Higgins. Era, sin duda alguna, una doncella de muy buen aspecto. Representaba unos cuarenta años, tenía el cabello negro y cuidado, mejillas sonrosadas y una figura rechoncha discretamente vestida de negro, con delantal blanco y cofia... «el verdadero tipo de doncella antigua», como luego explicó la señorita Marple, y con una voz mesurada y respetuosa, tan distinta a la altisonante y exagerada de Gladdie.
La señorita Lavinia parecía menos cansada que de costumbre, aunque a pesar de ello se lamentó de no poder concurrir a la tómbola debido a la constante atención que requería su hermana; no obstante le ofreció su ayuda monetaria y prometió contribuir con varios limpiaplumas y zapatitos de niño.
La señorita Marple la felicitó por su magnífico aspecto.
-La verdad es que se lo debo principalmente a Mary. Estoy contenta de haber tomado la resolución de despedir a la otra chica. Mary es maravillosa. Guisa muy bien, sabe servir la mesa, y tiene el piso siempre limpio.., da la vuelta al colchón todos los días... y se porta estupendamente con Emilia.
La señorita Marple se apresuró a preguntar por la salud de Emilia.
-Oh, pobrecilla, últimamente ha sentido mucho el cambio de tiempo. Claro, no puede evitarlo, pero algunas veces nos hace las cosas algo difíciles. Quiere que se le preparen ciertas cosas, y cuando se las llevamos, dice que no puede comerlas... y luego las vuelve a pedir al cabo de media hora, cuando ya se han estropeado y hay que hacerlas de nuevo. Eso representa, naturalmente, mucho trabajo..., pero por suerte a Mary parece que no le molesta. Está acostumbrada a servir a inválidos y sabe comprenderlos. Es una gran ayuda.
-¡Cielos! -exclamó la señorita Marple-. ¡Vaya suerte!
-Sí, desde luego. Me parece que Mary nos ha sido enviada como la respuesta a una plegaria.
-Casi me parece demasiado buena para ser verdad -dijo la señorita Marple-. Yo de usted... bueno... yo en su lugar iría con cuidado.
Lavinia Skinner pareció no captar la intención de la frase.
-¡Oh! -exclamó-. Le aseguro que haré todo lo posible para que se encuentre a gusto. No sé lo que haría si se marchara.
-No creo que se marche hasta que se haya preparado bien -comentó la señorita Marple mirando fijamente a Lavinia.
-Cuando no se tienen preocupaciones domésticas, uno se quita un gran peso de encima, ¿verdad? ¿Qué tal se porta la pequeña Edna?
-Pues muy bien. Claro que no tiene nada de extraordinario. No es como esa Mary. Sin embargo, la conozco a fondo, puesto que es una muchacha del pueblo.
Al salir al recibidor se oyó la voz de la inválida que gritaba:
-Esas compresas se han secado del todo... y el doctor Allerton dijo que debían conservarse siempre húmedas. Vaya, déjelas. Quiero tomar una taza de té y un huevo pasado por agua... que sólo haya cocido tres minutos y medio, recuérdelo. Y vaya a decir a la señorita Lavinia que venga.
La eficiente Mary, saliendo del dormitorio, se dirigió hacia Lavinia.
-La señorita Emilia la llama, señora.
Y dicho esto abrió la puerta a la señorita Marple, ayudándola a ponerse el abrigo y tendiéndole el paraguas del modo más irreprochable.
La señorita Marple dejó caer el paraguas y al intentar recogerlo se le cayó el bolso desparramándose todo su contenido. Mary, toda amabilidad, la ayudó a recoger varios objetos... un pañuelo, un librito de notas, una bolsita de cuero anticuada, dos chelines, tres peniques y un pedazo de caramelo de menta.
La señorita Marple recibió este último con muestras de confusión.
-¡Oh, Dios mío!, debe haber sido el niño de la señora Clement. Recuerdo que lo estaba chupando y me cogió el bolso y estuvo jugando con él. Debió de meterlo dentro. ¡Qué pegajoso está!
-¿Quiere que lo tire, señora?
-¡Oh, si no le molesta...! ¡Muchas gracias...!
Mary se agachó para recoger por último un espejito, que hizo exclamar a la señorita Marple al recuperarlo:
-¡Qué suerte que no se haya roto!
Y abandonó la casa dejando a Mary de pie junto a la puerta con un pedazo de caramelo de menta en la mano y un rostro completamente inexpresivo.

Durante diez largos días todo Saint Mary Mead tuvo que soportar el oír pregonar las excelencias del tesoro de las señoritas Skinner.
Al undécimo, el pueblo se estremeció ante la gran noticia.
¡Mary, el modelo de sirvienta, había desaparecido! No había dormido en su cama y encontraron la puerta de la casa abierta de par en par. Se marchó tranquilamente, durante la noche.
¡Y no era sólo Mary lo que había desaparecido! Sino, además, los broches y cinco anillos de la señora Lavinia; y tres sortijas, un pendentif, una pulsera y cuatro prendedores de la señorita Emilia.
Era el primer capítulo de la catástrofe. La joven señora Devereux había perdido sus diamantes, que guardaba en un cajón sin llave, y también algunas pieles valiosas, regalo de bodas. El juez y su esposa notaron la desaparición de varias joyas y cierta cantidad de dinero. La señora Carmichael fue la más perjudicada. No sólo le faltaron algunas joyas de gran valor, sino que una considerable suma de dinero que guardaba en su piso había volado. Aquella noche, Juana había salido y su ama tenía la costumbre de pasear por los jardines al anochecer llamando a los pájaros y arrojándoles migas de pan. Era evidente que Mary, la doncella perfecta, había encontrado las llaves que abrían todos los pisos.
Hay que confesar que en Saint Mary Mead reinaba cierta malsana satisfacción. ¡La señorita Lavinia había alardeado tanto de su maravillosa Mary...!
-Y, total, ha resultado una vulgar ladrona.
A esto siguieron interesantes descubrimientos. Mary no sólo había desaparecido, sino que la agencia que la colocó pudo comprobar que la Mary Higgins que recurrió a ellos y cuyas referencias dieron por buenas, era una impostora. La verdadera Mary Higgins era una fiel sirvienta que vivía con la hermana de un virtuoso sacerdote en cierto lugar de Cornwall.
-Ha sido endiabladamente lista -tuvo que admitir el inspector Slack-. Y si quieren saber mi opinión, creo que esa mujer trabaja con una banda de ladrones. Hace un año hubo un caso parecido en Northumberland. No la cogieron ni pudo recuperarse lo robado. Sin embargo, nosotros lo haremos algo mejor.
El inspector Slack era un hombre de carácter muy optimista.
No obstante, iban transcurriendo las semanas y Mary Higgins continuaba triunfalmente en libertad. En vano el inspector Slack redoblaba la energía que le era característica.
La señora Lavinia permanecía llorosa, y la señorita Emilia estaba tan contraída e inquieta por su estado que envió a buscar al doctor Haydock.
El pueblo entero estaba ansioso por conocer lo que opinaba de la enfermedad de la señorita Emilia, pero, claro, no podían preguntárselo. Sin embargo, pudieron informarse gracias al señor Meek, el ayudante del farmacéutico, que salía con Clara, la doncella de la señora Price-Ridley. Entonces se supo que el doctor Haydock le había recetado una mezcla de asafétida y valeriana, que según el señor Meek, era lo que daban a los maulas del Ejército que se fingían enfermos.
Poco después supieron que la señorita Emilia, carente de la atención médica que precisaba, había declarado que en su estado de salud consideraba necesario permanecer cerca del especialista de Londres que comprendía su caso. Dijo que lo hacía sobre todo por Lavinia.
El piso quedó por alquilar.

Varios días después, la señorita Marple, bastante sofocada, llegó al puesto de la policía de Much Benham preguntando por el inspector Slack.
Al inspector Slack no le era simpática la señorita Marple, pero se daba cuenta de que el jefe de Policía, coronel Melchett, no compartía su opinión. Por lo tanto, aunque de mala gana, la recibió.
-Buenas tardes, señorita Marple. ¿En qué puedo servirla?
-¡Oh, Dios mío! -repuso la solterona-. Veo que tiene usted mucha prisa.
-Hay mucho trabajo -replicó el inspector Slack-; pero puedo dedicarle unos minutos.
-¡Oh, Dios mío! Espero saber exponer con claridad lo que vengo a decirle. Resulta tan difícil explicarse, ¿no lo cree usted así? No, tal vez usted no. Pero, compréndalo, no habiendo sido educada por el sistema moderno..., sólo tuve una institutriz que me enseñaba las fechas del reinado de los reyes de Inglaterra y cultura general... Doctor Brewer.., tres clases de enfermedades del trigo... pulgón... añublo... y, ¿cuál es la tercera?, ¿tizón?
-¿Ha venido a hablarme del tizón? -le preguntó el inspector, enrojeciendo acto seguido.
-¡Oh, no, no! -se apresuró a responder la señorita Marple-. Ha sido un ejemplo. Y qué superfluo es todo eso, ¿verdad..., pero no le enseñan a uno a no apartarse de la cuestión, que es lo que yo quiero. Se trata de Gladdie, ya sabe, la doncella de las señoritas Skinner.
-Mary Higgins -dijo el inspector Slack.
-¡Oh, sí! Ésa fue la segunda doncella; pero yo me refiero a Gladdie Holmes..., una muchacha bastante impertinente y demasiado satisfecha de sí misma, pero muy honrada, y por eso es muy importante que se la rehabilite.
-Que yo sepa no hay ningún cargo contra ella -repuso el inspector.
-No; ya sé que no se la acusa de nada..., pero eso aún resulta peor, porque ya sabe usted, la gente se imagina cosas. ¡Oh, Dios mío..., sé que me explico muy mal! Lo que quiero decir es que lo importante es encontrar a Mary Higgins.
-Desde luego -replicó el inspector-. ¿Tiene usted alguna idea?
-Pues a decir verdad, sí -respondió la señorita Marple-. ¿Puedo hacerle una pregunta? ¿No le sirven de nada las huellas dactilares
-¡Ah! -repuso el inspector Slack-. Ahí es donde fue más lista que nosotros. Hizo la mayor parte del trabajo con guantes de goma, según parece. Y ha sido muy precavida..., limpió todas las que podía haber en su habitación y en la fregadera. ¡No conseguimos dar con una sola huella en toda la casa!
-Y si las tuviera, ¿le servirían de algo?
-Es posible, señora. Pudiera ser que las conocieran en el Yard. ¡No sería éste su primer hallazgo!
La señorita Marple asintió muy contenta y abriendo su bolso sacó una caja de tarjetas; en su interior, envuelto en algodones, había un espejito.
-Es el de mi monedero -explicó-. En él están las huellas digitales de la doncella. Creo que están bien claras... puesto que antes tocó una sustancia muy pegajosa.
El inspector estaba sorprendido.
-¿Las consiguió a propósito?
-¡Naturalmente!
-¿Entonces, sospechaba ya de ella?
-Bueno, ¿sabe usted?, me pareció demasiado perfecta. Y así se lo dije a la señorita Lavinia, pero no supo comprender la indirecta. Inspector, yo no creo en las perfecciones. Todos nosotros tenemos nuestros defectos... y el servicio doméstico los saca a relucir bien pronto.
-Bien -repuso el inspector Slack, recobrando su aplomo-. Estoy seguro de que debo estarle muy agradecido. Enviaré el espejo al Yard y a ver qué dicen.
Se calló de pronto. La señorita Marple había ladeado ligeramente la cabeza y lo contempló con fijeza.
-¿Y por qué no mira algo más cerca, inspector?
-¿Qué quiere decir, señorita Marple?
-Es muy difícil de explicar, pero cuando uno se encuentra ante algo fuera de lo corriente, no deja de notarlo... A pesar de que a menudo pueden resultar simples naderías. Hace tiempo que me di cuenta, ¿sabe? Me refiero a Gladdie y al broche. Ella es una chica honrada; no lo cogió. Entonces, ¿por qué lo imaginó así la señorita Skinner? Miss Lavinia no es tonta..., muy al contrario. ¿Por qué tenía tantos deseos de despedir a una chica que era una buena sirvienta, cuando es tan difícil encontrar servicio? Eso me pareció algo fuera de lo corriente..., y empecé a pensar. Pensé mucho. ¡Y me di cuenta de otra cosa rara! La señorita Emilia es una hipocondríaca, pero es la primera hipocondríaca que no ha enviado a buscar en seguida a uno u otro médico. Los hipocondríacos adoran a los médicos. ¡Pero la señorita Emilia, no!
-¿Qué es lo que insinúa, señorita Marple?
-Pues que las señoritas Skinner son unas personas muy particulares. La señorita Emilia pasa la mayor parte del tiempo en una habitación a oscuras, y si eso que lleva no es una peluca... ¡me como mi moño postizo! Y lo que digo es esto: que es perfectamente posible que una mujer delgada, pálida y de cabellos grises sea la misma que la robusta, morena y sonrosada... puesto que nadie puede decir que haya visto alguna vez juntas a la señorita Emilia y a Mary Higgins. Necesitaron tiempo para sacar copias de todas las llaves, y para descubrir todo lo referente a la vida de los demás inquilinos, y luego... hubo que deshacerse de la muchacha del pueblo. La señorita Emilia sale una noche a dar un paseo por el campo y a la mañana siguiente llega a la estación convertida en Mary Higgins. Y luego, en el momento preciso, Mary Higgins desaparece y con ella la pista. Voy a decirle dónde puede encontrarla, inspector... ¡En el sofá de Emilia Skinner...! Mire si hay huellas dactilares, si no me cree, pero verá que tengo razón. Son un par de ladronas listas... esas Skinner... sin duda en combinación con un vendedor de objetos robados... o como se llame. ¡Pero esta vez no se escaparán! No voy a consentir que una de las muchachas de la localidad sea acusada de ladrona. Gladdie Holmes es tan honrada como la luz del día y va a saberlo todo el mundo. ¡Buenas tardes!
La señorita Marple salió del despacho antes de que el inspector Slack pudiera recobrarse.
-¡Cáspita! -murmuró-. ¿Tendrá razón, acaso?
No tardó en descubrir que la señorita Marple había acertado una vez más.
El coronel Melchett felicitó al inspector Slack por su eficacia y la señorita Marple invitó a Gladdie a tomar el té con Edna, para hablar seriamente de que procurara no dejar un buen empleo cuando lo encontrara.
FIN

martes, 9 de septiembre de 2014

¿No te gusta leer? ¡Sigue estos simples consejos!

Hace un tiempo, una amiga me pidió consejos para leer, pues no le gusta y no lo hace con regularidad. ¿Te sucede lo mismo? ¿Conoces ha alguien con este problema? ¡Pues no te preocupes! Solo sigue estos 6 simples consejos:

1. ¡No te distraigas! 
Los jóvenes -me incluyo- nos distraemos con cualquier cosa, con lo primero que se cruce ante nuestros ojos. Por ello, es importante controlar la cantidad de tiempo que gastamos frente a la pantalla. ¿Cuanto del día ves televisión? ¿cuanto tiempo te demoras en revisar tu facebook? ¡No te dejes atrapar! Una vez libre de toda esta distracción, te será muchísimo más fácil tomar un libro. Créeme. 


2. Si es PDF mejor...
¿Te resulta difícil seguir el primer consejo? No te desanimes, puedes perfectamente acomodar tu amor por el computador a la lectura: ¡PDF! Si, el formato PDF le ha solucionado la vida a un millar de personas. Es fácil, rápido y muy cómodo. Solo basta descargar un libro de una de las cientos de bibliotecas online gratuitas que hay disponibles. ¡Tú solo anímate y ponte a leer!

3. Lee lo que te gusta
Es obvio que no todos tenemos los mismos gustos. Si no te gusta el romance, ni aunque te pasen  el best seller del año vas a sentirte a gusto. Esto es ley: si no te gusta, no lo leas. Así de simple. ¿Para que contradecir tus propios intereses? La lectura es para disfrutar, no para sufrir. 


4. Busca recomendaciones
Una vez tengas identificado el o los temas de interés, busca una recomendación. Siempre hay alguien ávido de contar su opinión respecto algún libro. Puedes buscar referencias en bibliotecas, librerías o amigos y familiares cercanos. Otra opción es buscar reseñas por internet. 

5. De la pantalla al libro
La mayoría de libros exitosos tienen una película. Puedes intentar ver el filme y, dependiendo de si te gustó o no, probar con el libro. Si te entusiasma la película, de seguro querrás leerla también. 


6. "Oyendo se aprende mejor..."
Por último, y si no te ha funcionado ninguno de los consejos anteriores, prueba con los audiolibros. Son divertidos y muy amenos. Si buscas bien, puedes encontrar producciones de gran calidad, con efectos de sonido y actores de muy buena interpretación. Las obras de teatro también son una opción, tanto en vivo como en video. 



¿Te gustaron los consejos? ¿Los crees útiles? Cualquier duda, comentario u opinión, dejarla más abajo. 
¡Saludos! 

viernes, 5 de septiembre de 2014

¡Feliz cumpleaños Nicanor!

Un día como hoy, hace exactamente cien años, nació el antipoeta chileno Nicanor Parra.
¡Felicidades, Nicanor ! 
Nicanor Parra Sandoval nació en San Fabían de Alico, pueblito ubicado al sur de Chile. Fue el primogénito de una seguidilla de nueve hermanos. Todos destacaron en algún ambito cultural. 
Creció sumergido en un ambiente artístico: su padre era un conocido músico de la zona. Rosa Clara, su madre, era una campesina que solía interpretar folklore. 
En 1927, ingresó en el Liceo de Hombres de Chillán, donde cursó hasta el quinto año de Humanidades y en 1932 partió a Santiago para terminar la educación secundaria en el Internado Nacional Barros Arana gracias a una beca de la Liga de Estudiantes Pobres.


Posteriormente, ingresó al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde estudió Matemáticas y Física. Financió la universidad desempeñándose como inspector del Internado Nacional Barros Arana. En ese colegio comenzó a publicar la Revista Nueva en 1935, donde apareció su primer anticuento, Gato en el camino. El primer libro que publicó fue Cancionero sin nombre, ese mismo año.
En 1943 viaja a Estados Unidos con beca otorgada por el "Institute of International Education", donde estudia mecánica avanzada en la Universidad de Brown. En 1948 es nombrado director interino de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. En 1949 viaja a Inglaterra, con beca del Consejo Británico. Estudia cosmología en Oxford, permaneciendo en Gran Bretaña hasta 1951. Después enseña matemáticas y física en la Universidad de Chile

En 1969 recibe el Premio Nacional de Literatura en Chile.  En 1991 es galardonado por segunda vez en el país y también con el Premio Internacional Juan Rulfo, del que fue el primer ganador, ya que era la primera edición de este premio. El 1 de diciembre de 2011 Nicanor Parra gana el Premio Cervantes, considerado el galardón más importante de las letras hispanas y que concede el Ministerio de Cultura al conjunto de la obra de un autor.
En cien años de historia, Nicanor Parra nos legó uno de los géneros de la poesía más innovadores de la época: la antipoesía. 

No es la primera vez que me dan un premio que no merezco y espero que no sea la última (...) Me querellaré contra quienes resulten responsables."

Obras
1937: Cancionero sin nombre
1954: Poemas y antipoemas
1958: La cueca larga
1960: Antipoemas
1962: Versos de salón
1963: Manifiesto
1967: Canciones rusas
1969: Los vicios del mundo moderno
1969: Obra gruesa
1971: Los profesores
1972: Artefactos
1977: Sermones y prédicas del Cristo de Elqui
1977: Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui
1981: El anti-Lázaro
1982: Poema y antipoema de Eduardo Frei
1983: Cachureos, ecopoemas, guatapiques, últimas prédicas
1983: Chistes pa/r/rá desorientar a la policía/poesía
1983: Coplas de Navidad
1983: Poesía política
1985: Hojas de Parra
1993: Poemas para combatir la calvicie
1996: Objetos prácticos, más tarde calificados de Artefactos visuales
1997: Nicanor Parra tiene la palabra
2001: Páginas en blanco
2002: Artefactos visuales, dirección obligada
2004: Lear Rey & Mendigo
2006: Discursos de sobremesa
2006: Obras completas I & algo + (1935-1972)
2009: Poesía y antipoesía
2011: Obras completas II & algo + (1975-2006)

Para conmemorar, hoy, a las doce del mediodía, se debía recitar al mismo tiempo un poema de Nicanor: El hombre imaginario. Se supone que era una actividad colectiva a realizarse en todo el país (incluso la presidenta recitó el poema junto a sus ministros; yo también lo realicé con mi curso) A continuación, les dejo el poema, y el link del audio de la lectura de la presidenta.


EL HOMBRE IMAGINARIO

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario


Book-tag: Si yo fuera un libro...

¡Hola, queridos lectores! El día de hoy tengo el agrado de presentar mi primer "book-tag
¿Qué es eso? 
Un book-tag es una especie de cuestionario relacionado con la literatura. Mis agradecimientos al blog Espíritu Geminiano por nominarme. ¡Muchos saludos! 
Ahora con las preguntas:



¿Cuál sería el formato del libro?

No muy grande, me gusta lo sencillo. Eso sí, tendría que tener un aspecto antiguo, algo desgastado. Las páginas serían de un tono medio amarillento, medio café claro, como los pergaminos. Ojalá el exterior fuera un forrado de cuero negro o verde oscuro (cuero sintético, abogo por la protección animal...)
La caligrafía la prefiero elegante, pero entendible. ¡Nada de arial!
Podría tener algún dibujo, bien rústico, hecho en el momento. No sé si me doy a entender. 
En resumen, yo sería un libro lo más parecido posible a un diario de viajes. 

¿Cuál sería el género del libro?
Realismo mágico. Aunque pensándolo bien, sería una mezcla caótica de estilos. 

¿Tendría algo de ficción? 
No sé si definirlo ficción, porque estaría narrado de tal forma que lo cotidiano parecerá ficción, y lo mágico, real. 

¿Un periodo corto o lago de tu vida?
Un periodo largo. Como ya dije, sería lo más parecido a un diario de viajes (tanto en apariencia, como en contenido). 

¿Habría algún villano?
Sí,  la cotidianidad. Yo como libro intentaría luchar contra lo común; cada pagina sería una nueva aventura, algo nuevo que contar. 

¿En qué tiempo estaría basado tu libro: pasado, presente o futuro?
Un poco de todo, diría yo. Anécdotas, proyectos, planes y pensamientos del minuto. Aunque me cuesta creer un poco en la existencia del presente (¿como es eso posible?).

¿Cómo estaría acomodado el tiempo en tu libro?
Sería un libro bastante anacrónico. 

¿Habría algún giro en la trama?
Uff, sería un libro muy imprevisible, por lo que sí habrían giros, muchos. 

¿Quién debería hacer este tag? 

¡Espero se animen a realizar el tag! ¡Muchos saludos a todos! 


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Desafío #4 Creyéndome el cuento...



¡Desafío #4 a la orden! bueno, un poco atrasada. Esta vez la misión era publicar un relato propio, de extensión breve. Podía estar inspirado en alguna imagen o noticia del diario.
A decir verdad, me costó un poco decidirme, ya que no tenía entre mis registros algún cuento que tuviera las características solicitadas. La mayoría de las veces escribo microrelatos, y si no, cuentos muy extensos. Además, me costó mucho desinhibirme, ¡soy algo tímida! sobretodo escribiendo, ya que es algo que considero muy íntimo, muy mio. ¡Espero les guste! si no, pueden dejarme la crítica en comentarios. Agradecería mucho las opiniones constructivas, ayudan a mejorar. Sin más preámbulos, aquí va el cuento: 

Diario de un infiltrado
“Vi hombres, mujeres y niños encogidos del miedo, pudriéndose en la miseria de minúsculas jaulas de metal corroído. Tenían una vista completa del área donde otras personas  eran sacadas de la prisión, entre insultos y torturas. Los cadáveres se hacinaban en el suelo, formando montañas de sangre, mierda y gusanos. Les forzaban a ver morir a sus compañeros mientras ellos comprobaban, con aire lánguido, cómo les esperaba el mismo destino.
 No eran humanos, sino perros, y me he empeñado en cambiar las palabras sólo para comprender que tienen la misma envergadura, el mismo y terrible significado: la inútil y perversa bondad humana"


El cuento lo escribí hace poco, inspirada en la imagen que adjunté justo arriba, correspondiente a la página de facebook Animal Equality. Es un escrito con bastante carga emocional, algo bruto y simplón, pero que pretende generar conciencia respecto al tema. Espero les provoque alguna emoción, ya que lo que me motivó a escribir fue la empatía que siento hacia los animales, en especial hacia los perros. Un cuento es la oportunidad perfecta para expresar una idea, un sentimiento o una meta :) 

Como ya mencioné anteriormente, soy amante incondicional de los microrelatos. Me fascina la idea de expresar tanto en pocas palabras. Aprovechando la ocasión, les dejo un par de microrelatos que escribí. 

Edith
Su padre de lo dijo, pero no prestó atención. Cuando volvió con su ex, se convirtió en una estatua de sal.

Repartición de bienes
El abogado hablaba con correcta parsimonia, “…Y procederemos con la repartición de bienes: a María le toca el piano, los muebles del salón, el jarrón de porcelana fina y, para finalizar, la mitad del corazón de Alberto, su ex marido”.  Alberto sonrió satisfecho, ¿qué importaba? ¡si su corazón ya era mil pedazos!  

La historia de María
“María nació de los árboles. Tenía un vestido del color del otoño, y un cabello largo y áspero, como la tierra. A los quince años visitó una ciudad perdida entre las olas, pero el príncipe que allí vivía se enamoró de ella y la pidió en matrimonio. Ella se negó (algunos dicen que no quería tener hijos medio pez) y huyó inmediatamente. María volvió a su hogar y se durmió, entre cantos dorados y recuerdos pintados de azul. 
María nació en el hospital, sin ropa, medio calva y más arrugada que una pasa. María se ahogó a los quince años, cuando estaba de vacaciones con su familia en un río al sur del país. Ahora, conversando con otros ángeles, María prefiere contar la otra historia, esa que combina bosques y gentes del mar. Por popularidad, dice ella”


Aparte, quisiera comentar la temática general que abordan los cuentos publicados en el desafío. La mayoría escribió sobre terror. ¿Es un reflejo de la sociedad de hoy, de la violencia, de la inseguridad, o mero gusto literario? ¿Qué creen ustedes? ojalá se animen a expresar su opinión en comentarios :) 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Hoy en la historia

1 de septiembre de 1891: Se desarrolla en Argentina el método de identificación dactilar, por el policia croata Juan Vucetich.
1 de septiembre de 1925: nace el físico estadounidense Roy J. Glauber.
1 de septiembre de 1936: fallece el médico anarquista español Isaac Puente.
1 de septiembre de 1939: la Alemania de Hitler invade Polonia, dando inicio a la II Guerra Mundial. 


domingo, 31 de agosto de 2014

Reseña Literaria: Frankenstein o El Moderno Prometeo

El 30 de agosto de 1797 nació Mary Shelley, la creadora del monstruo de Frankenstein. Para conmemorarla -y a modo de homenaje- realicé esta breve reseña de su obra magistral: una de las criaturas más temidas de nuestra era. 


Frankenstein o el Moderno Prometeo
Autor: Mary Shelley
Año de publicación: 1818
Género: novela gótica


Ubicada en plena Europa del siglo XVIII y en plena efervescencia científica, el capitán de un barco ballenero escribe a su hermana sobre su encuentro con un joven estudiante: Victor Frankenstein. Dicho hombre cuenta cómo descubrió el secreto para revivir la materia muerta, dando como resultado la creación de un  ser vivo y que, sin medir las consecuencias de sus actos, empleó para ello partes de otros seres muertos. El resultado es monstruoso, y a partir de ese momento se inicia una confrontación sin límites. Un constante cuestionamiento filosófico y moral del hombre contra su creador, y viceversa, que conduce esta historia hasta su trágico final. 

El origen de la novela es una historia en sí misma. Se cuenta que hubo una noche de reunión, cuyos participantes eran de todo menos desconocidos; talentosos artistas y liberales de época, entre ellos: Lord Byron, John W. Polidori, Matthew Lewis y el matrimonio formado por Percy y Mary Shelley. Tras celebrar una apasionante velada de lectura de relatos de fantasmas, Lord Byron desafió a modo de apuesta al pequeño grupo a crear la historia más terrorífica que se les ocurriese. No se conoce si todos lograron cumplir la apuesta, salvo en dos casos: Mary Shelley y John Polidori, con Frankenstein y El Vampiro, respectivamente. En un principio, la joven Shelley (en ese entonces contaba con unos dieciocho años) creó un boceto de lo que más tarde se convertiría en una portentosa novela. Se dice que la idea del monstruo nació de pesadillas causadas por conversaciones pseudo cientificas entre  su marido y Polidori, quién era médico y hablaba sobre estudios que indicaban la posibilidad de la electricidad como fuente de vida. 

Vi, con los ojos cerrados pero con una nítida imagen mental, al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al objeto que había armado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, éste cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural. Debía ser terrible; dado que sería inmensamente espantoso el efecto de cualquier esfuerzo humano para simular el extraordinario mecanismo del Creador del mundo"

-Mary Shelley, sobre el orígen de la novela.







Lo primero que piensan quienes no han leído el libro es que Frankenstein es el monstruo. Pues no, error. Ese es el apellido de nuestro protagonista, Victor Frankenstein, quien, contra lo que muchos creen, no es un viejo loco y desquiciado, sino un joven científico muy habilidoso, que busca esquivar la muerte de sus seres queridos, sea cual sea el precio a pagar. De esa última reflexión nace nuestro segundo protagonista, El Monstruo de Frankenstein, es decir, la creación, el resultado final de la ciencia prohibida. 

Tal como indica su nombre, la novela se basa en la historia de Prometeo, quien se presenta como el escultor de la humanidad, un titán que desafió a los dioses con tal de proteger su creación, y por ello, fue castigado para toda la eternidad. La obra vendría siendo una reformulación del mito original, ya que, en este caso, el creador desafía la divinidad, creando vida que luego desprecia. He ahí su castigo. 
Se podría relacionar este temor a la vida como una secuela de los traumas de Shelley, quien durante su vida sufrió múltiples abortos.

Yo era afectuoso y bueno; la desgracia me ha convertido en un demonio. Hazme nuevamente feliz y volveré a ser virtuoso"

De cierta forma, Frankenstein funciona como alegoría de la perversión que puede traer consigo el desarrollo científico, digamos, la otra cara de la moneda del avance tecnológico. Cabe señalar que la novela se escribió durante las primeras fases de la Revolución Industrial inglesa, una época de cambios drásticos. 
Representante total de la novela gótica y romántica, totalmente recomendada. 

Puntuación: 5/5


Se han realizado varias adaptaciones al cine, aunque se suele destacar la versión de 1931. 


Sobre la autora: 


Mary Shelley, nacida como Mary Wollstonecraft Godwin, vivió entre los años 1797 y 1851 en Londres, Inglaterra. Fue narradora, dramaturga, ensayista, filósofa, y biógrafa, aunque todo ello quedase ensombrecido por su mayor creación literaria, la novela gótica acerca del monstruo de Frankenstein. Su padre fue el filósofo político William Godwin y su madre la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, que falleció tras dar a luz. Fue editora y promotora de las obras de su esposo, el poeta romántico Percy Shelley, con quien tuvo varios hijos, que murieron antes y pocos días después de nacer. 
A pesar de ese gran logro que eclipsó el resto de sus creaciones, los historiadores han comenzado hace no mucho a investigar con detenimiento todos sus escritos y la valía que se desprende de los mismos, entre otros una postura feminista radical, un deseo de reforma de la sociedad civil y un desafío al movimiento romántico. Falleció de un tumor cerebral con 53 años.